El oráculo de la bola de cristal

Dicen los entendidos que la bola de cristal, utilizada como método de predicción de origen milenario, conecta con la energía psíquica de un individuo, de forma que puede mostrar imágenes de su pasado, presente y futuro. Quién sabe si, continuando por la senda actual, tendremos en la Gerencia de Riesgos que recurrir también a estas herramientas.

Las noticias políticas del último año son frustrantes y poco alentadoras, cuando todo debería de ser muy sencillo: fomentemos la creación de equipos dirigentes con el talento adecuado para que establezcan pautas que permitan a nuestros hijos vivir mejor que nuestra generación y las anteriores, respetando criterios y opiniones, pero sometiendo los mismos al beneficio comunitario y a la creación de riqueza. Esta sería la base, después cada disciplina debe de aportar su grano de arena para obtener el objetivo citado con los siguientes principios: haga bien lo que sabe usted hacer, buscando la excelencia en su campo. No opine de aquello que no domina, no destruya, escuche y aprenda, aportando en lo que pueda ser útil por su experiencia, conocimientos, estudios y análisis previos.

En la Gerencia de Riesgos asistimos a un desarrollo exponencial imparable en el ámbito tecnológico. Según la prensa especializada, el 70% de los niños entre 10 y 15 años tiene un móvil; en breve estaremos utilizando smartphones con pantallas plegables; el reconocimiento facial se introducirá en la vida diaria sustituyendo a las contraseñas; los asistentes virtuales están ya en los hogares interactuando en las labores diarias; los automóviles aumentan las ayudas a la conducción, abriendo paso al coche autónomo; las consultas médicas ya se desarrollan con aplicaciones informáticas que permiten el seguimiento del paciente y su medicación sin asistencia a centros hospitalarios, pudiendo continuar con un ilusionante relato de propuestas muy cercanas que, en teoría, favorecerán el desarrollo de nuestra vida.

Sin embargo, desde el punto de vista de la Gerencia de Riesgos resulta curioso detectar cómo estos avances no se acoplan aún a las necesidades de nuestra disciplina cuando los siniestros más importantes del último año están relacionados con los tradicionales riesgos de incendio, inundaciones y tormentas, fallando los sistemas preventivos de alerta temprana, permitiendo edificaciones en zonas con mapas de inundaciones ya conocidas y otros criterios básicos de prevención que no se cumplen ni observan, dejando al amparo de la madre naturaleza lo que pueda ocurrir, como si nos encontráramos en un siglo donde el avance tecnológico relatado sonara a verdadera ciencia ficción, destacando que los únicos elementos que brillan en esta cadena, gracias a su trabajo y entrega, sean organismos que actúan cuando el siniestro ya ha ocurrido para tratar de remediar el mismo, como la Unidad Militar de Emergencias (UME) o la Cruz Roja.

Los Gerentes de Riesgos y Seguros debemos seguir reflexionando e inculcando los procesos de formación para identificar, evaluar y gestionar los riesgos, de forma que las organizaciones, empresas e individuos, establezcan protocolos adecuados para proteger a las personas y bienes de siniestros tradicionales que siguen en auge, estando seguros que, de forma paralela, en el ámbito tecnológico, al menos Cortana, Google Assistant, Alexa y Siri, sean capaces de almacenar la información previamente tratada y ayudarnos a tomar decisiones rápidas, previamente estandarizadas, que eviten o mitigue los daños materiales o personales cuando el siniestro ya está en proceso o a punto de manifestarse.